Quien quiera aprender...

En 1904 el rey Alfonso XIII visitó Barcelona, y fue a ver las obras de la Sagrada Familia, donde le recibió GaudÃ. Después de visitar el templo, el rey le preguntó al arquitecto: «¿A qué estilo pertenece?»; a lo que el genio catalán respondió: «Gótico, Majestad». Después de girarse el ilustre visitante, Gaudà se volvió a uno de sus ayudantes y le dijo: «Quien quiera aprender, que se vaya a Salamanca».
Para Gaudà el gótico era “imperfectoâ€, a medio resolver, decÃa que «su estabilidad se basa en el apuntalamiento permanente de los contrafuertes: es un cuerpo defectuoso que se aguanta con muletas». En cambio, Gaudà encontró un nuevo estilo más perfecto, inspirado en la naturaleza, que crea las mejores estructuras (como un árbol o un esqueleto humano), que tradujo en la utilización arquitectónica de la geometrÃa reglada (paraboloide, hiperboloide, helicoide y conoide). Estas estructuras son autosustentantes, y permiten prescindir de elementos de apoyo, como los contrafuertes góticos.
Pero, ¿valÃa la pena perder tiempo en explicar todo esto al rey, que sin duda le entrarÃa por una oreja y le saldrÃa por otra? Ahora, que si el rey hubiese sido una persona instruida, no le habrÃa hecho falta preguntar.
Hoy en dÃa la mayorÃa de gente no tiene afán por aprender, por investigar, por cuestionarse las cosas, saber de dónde venimos y adónde vamos. La cultura ya no interesa, para qué aprender algo que puedes consultar en internet, para qué perder tiempo y esfuerzo. Es mejor dedicarlo a las redes sociales, a los videojuegos, a ver fútbol o el Gran Hermano. Cuanta más información hay y está más al alcance, la gente se vuelve cada vez más semianalfabeta. Pero un analfabetismo voluntario, que es lo peor que hay. Y no hablo de la educación académica, que desde hace tiempo ha venido siendo dinamitada para producir especÃmenes técnicos y prácticos que realicen a la perfección su trabajo, sin plantearse nada del sistema, de la sociedad que los envuelve. Me refiero a la propia educación, la que se procura uno leyendo, investigando, escuchando a sus mayores, cuestionando las tesis oficiales del poder. Y asà vamos, como ovejas al matadero, sin preguntar dónde nos llevan.
Hoy he escuchado en las noticias que Duran i Lleida decÃa que habrÃa que revisar el derecho a huelga (a finales de mes hay prevista una huelga de bus y metro en Barcelona que podrÃa paralizar la ciudad). Ya es lo último. Acaban de imponer el despido libre, el trabajador ya no tiene ninguna fuerza para hacer valer sus derechos frente al empresario, y ahora nos quieren quitar el derecho a huelga. Ya sólo nos queda renunciar a nuestra libertad y volver a ser siervos de la gleba.
Como no espabilemos, como no respondamos, como no hagamos valer nuestros derechos, como no nos dejemos pisotear, vamos a perder lo que nuestros padres y abuelos consiguieron dejándose muchas veces la sangre por el camino. Y, sobre todo, siendo conscientes de nuestra posición social, que parece que es algo que muchos han olvidado. Pero para eso hay que saber, hay que aprender, hay que cuestionarse las cosas. Cuando era pequeño me decÃa mi hermano mayor: «si sólo los ricos estudian sólo los ricos sabrán, y nos engañarán con cualquier cosa». Y asà está sucediendo.
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